lunes 26 de junio de 2006

Enriquito y el talento artístico

Enriquito era un niño con mucha vitalidad y talento artístico. Su yaya, que estaba empeñada en que los estímulos en la infancia son muy importantes, se despertó una mañana temprano y decidió que tenía la solución para Enriquito. “Cariño, vístete rápido que la yaya te va a llevar a ver una cosa muy bonita”, le dijo mientras le preparaba un vaso enorme de leche con cola-cao (que son unos polvos que te dan energía y te ayudan a afrontar un duro día, en el cole, y en las actividades extraescolares).

La yaya de Enriquito había tenido una idea genial. Para estimular la vena artística y creativa del niño, había decidido llevarlo a una competición de baile!!! Allí, Enriquito, podría verse tentado por el baile, un deporte que trabaja los músculos y la coordinación, a la par que desarrolla el oído musical de quienes lo practican.

Una vez en el pabellón deportivo, Enriquito y su yaya se sentaron a ver bailar a los bailarines, valga la redundancia, mientras una misteriosa voz que nadie sabía de donde salía iba diciendo números y palabras como “quickstep”, “vals vienés”, “slow foxtrot” o “jive”. Enriquito no entendía nada, pero se divertía, ¡¡cómo se divertía!! A las siete de la tarde llegaron al pabellón deportivo… y casi sin darse cuenta, miró el reloj… y eran las siete y media!!! Ay, Enriquito no podía imaginarse lo que le esperaba. 10 horas ininterrumpidas de baile deportivo, de samba, rumba, tango, pasodobles, de vestidos largos y cortos, de camisas de encaje, pestañas postizas y pieles artificialmente bronceadas.

Cuando terminó el espectáculo, Enriquito casi en sueños (eran las cuatro de la madrugada) le dijo a su yaya: “Yaya, quiero ser artista”. Y su yaya, muy contenta, se dio cuenta de que su idea había dado resultado. Pero ay… la fatalidad, siempre acechando a nuestro amiguito, se escondía tras la puerta del pabellón deportivo.

Como toda la gente se levantó de sus sillas al mismo tiempo, la yaya de Enriquito pensó que sería mucho más rápido salir por la puerta trasera. Y así lo hicieron. Pero ay… la fatalidad!!!! Justo al lado del pabellón estaba la unidad móvil de la tele… toda rodeada de un mar de cables, que acechaban a Enriquito como las serpientes a Indiana Jones. Él lo intentó, intentó pasar por encima de los cables… pero uno se enredó en su tobillo y Enriquito cayó al suelo. Al caer, se rompió la tibia en diez trozos y el peroné en 25… y ahí, en la maraña de cables de la unidad móvil, murieron los sueños de baile de Enriquito, que ya se había imaginado rodeado de neones de colores y coreado por una multitud exacerbada a ritmo de samba, rumba y cha cha cha.

jueves 1 de junio de 2006

Enriquito y el Kung Fu... Parte II

(continuación)
Como consecuencia de la brutal patada, Enriquito perdió la consciencia… pero como todo el mundo sabe, nuestro amiguito es muy resistente y a los pocos segundos volvió en si.

No te preocupes yaya, que me encuentro perfectamente”, dijo Enriquito contento.

Pero al día siguiente por la mañana cuando Enriquito se despertó, se sorprendió porque… veía el mundo de colorines!!!! Pero no eran colorines normales, no, veía el mundo codificado, pero en colorines. Su yaya, preocupada, fue al médico a contarle lo que le ocurría a Enriquito

El médico le explicó que la patada, aunque no mortal, había tenido un curioso efecto sobre el niño. Le había desconectado un codificador natural del cerebro y ahora Enriquito no era capaz de descodificar la realidad. “Pero no se preocupe, señora”, explicó el doctor a la yaya de Enriquito, “le voy a dar una tarjeta descodificadora para que su nieto pueda volver a codificar el mundo de una manera normal.”

La yaya se fue a casa muy contenta, con su nueva tarjeta descodificadora. Pero ay… pobre Enriquito!!! Su yaya, que no estaba muy acostumbrada a las nuevas tecnologías, no sabía poner la tarjeta del lado correcto, por lo que la banda magnética nunca entraba en contacto con el dispositivo necesario para obtener una señal clara…
Y el pobrecito Enriquito murió de descodificación.