Enriquito era un niño con mucha vitalidad y talento artístico. Su yaya, que estaba empeñada en que los estímulos en la infancia son muy importantes, se despertó una mañana temprano y decidió que tenía la solución para Enriquito. “Cariño, vístete rápido que la yaya te va a llevar a ver una cosa muy bonita”, le dijo mientras le preparaba un vaso enorme de leche con cola-cao (que son unos polvos que te dan energía y te ayudan a afrontar un duro día, en el cole, y en las actividades extraescolares).
La yaya de Enriquito había tenido una idea genial. Para estimular la vena artística y creativa del niño, había decidido llevarlo a una competición de baile!!! Allí, Enriquito, podría verse tentado por el baile, un deporte que trabaja los músculos y la coordinación, a la par que desarrolla el oído musical de quienes lo practican.
Una vez en el pabellón deportivo, Enriquito y su yaya se sentaron a ver bailar a los bailarines, valga la redundancia, mientras una misteriosa voz que nadie sabía de donde salía iba diciendo números y palabras como “quickstep”, “vals vienés”, “slow foxtrot” o “jive”. Enriquito no entendía nada, pero se divertía, ¡¡cómo se divertía!! A las siete de la tarde llegaron al pabellón deportivo… y casi sin darse cuenta, miró el reloj… y eran las siete y media!!! Ay, Enriquito no podía imaginarse lo que le esperaba. 10 horas ininterrumpidas de baile deportivo, de samba, rumba, tango, pasodobles, de vestidos largos y cortos, de camisas de encaje, pestañas postizas y pieles artificialmente bronceadas.
Cuando terminó el espectáculo, Enriquito casi en sueños (eran las cuatro de la madrugada) le dijo a su yaya: “Yaya, quiero ser artista”. Y su yaya, muy contenta, se dio cuenta de que su idea había dado resultado. Pero ay… la fatalidad, siempre acechando a nuestro amiguito, se escondía tras la puerta del pabellón deportivo.
Como toda la gente se levantó de sus sillas al mismo tiempo, la yaya de Enriquito pensó que sería mucho más rápido salir por la puerta trasera. Y así lo hicieron. Pero ay… la fatalidad!!!! Justo al lado del pabellón estaba la unidad móvil de la tele… toda rodeada de un mar de cables, que acechaban a Enriquito como las serpientes a Indiana Jones. Él lo intentó, intentó pasar por encima de los cables… pero uno se enredó en su tobillo y Enriquito cayó al suelo. Al caer, se rompió la tibia en diez trozos y el peroné en 25… y ahí, en la maraña de cables de la unidad móvil, murieron los sueños de baile de Enriquito, que ya se había imaginado rodeado de neones de colores y coreado por una multitud exacerbada a ritmo de samba, rumba y cha cha cha.
lunes 26 de junio de 2006
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6 comentarios:
Pues menos mal que los cables eran TRIAX, porque si llegan a ser Multicore igual, en vez de romperse la pierna por tantos sitios. se habría roto la neurona de la paciencia, y eso, claro, es mucho peor.
Por sierto, ¿no va a visitar Enriquito la gran provincia turolense?
"Manolo, hazte la cena solo"
Inspiradas letras y bellas melodías que te entregan ineluctablemente a los brazos del baile y quizá del Multicore, como le ocurrió a Tino. Pero esto ya es otra historia.
Mar de cables?, esto me suena a tormenta de Faradios¡¡¡, sino es que terremotos de Amperios, ohhh Faradios, Amperios y chispas de Ohmios, Voltios y mas Voltios, y un miliardo de Coulombios.
Pero si un mar de cables te transporta a la artificiosa verdad de las magnitudes electricas, no es menos verdad que en un Bosque catalán te podras encontrar con Hadas de verdad, de esas sin tacones altos, de vestidos largos y un monton de cosas por la que hacerles recordar.
Mmm.... pues a mi me encantaría ir a uno de esos bosques... a ver si recupero la memoria...
Lo único es que no sé si sabré encontrar el bosque... ¿alguien me acompaña?
Hay hadas con alas, y hadas sin ellas, pero todas conservan esa misteriosa mejilla de una hada sonrojada. Si es esa tempertura¡¡¡, mezcla de tempestad y altura. Si su majestad, dulce princesa de sueños atormentados, de cansados pero chisporroteantes latigazos, hayase una tormenta en sus pies, descalzos, pero no por ello frios, no debiera olvidarse, que mas que cocos, como zarcos ojos en la sombra de un peñasco rocoso, son sus mismas palabras dos gotas esmeraldas que caen de la palmera, de esas que cada isla del peloponeso sueña con poseer, de esas que solo conocen los piratas de las caravelas, de esas que se contemplan a su sombra, al sabor de los tragos mágicos, al frescor de las palabras olvidadas nada mas ser pronunciadas. Yo se de un hada que espera, pero si la espera no es eterna, siempre acaba por ser buena, y los corsarios malhumorados dejemos que naveguen solos por sus propios desfiladeros.
¿Quién quiere saber nada de corsarios??? Yo quiero irme, a bordo de un barco pirata, capitaneado nada más y nada menos que por el mismísimo Roberts, a una de esas islas del peloponeso, a tomar el sol bajo las palmeras...
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