martes 22 de mayo de 2007

Enriquito returns....

Estaba Enriquito en su casa tranquilamente cuando, de repente… ¡¡¡algo le vino a la mente!!!

Ya estaba hasta… llevaba varios días con una idea que le rondaba la cabeza y no podía dejar de olvidar. Eso era!!! El blog!!!! Claro… el pobrecito había estado aletargado durante muuucho tiempo, como la bella durmiente, que se pinchó el dedo con la aguja de una rueca… pero él no, él iba un día paseando por la calle, se puso a llover, metió un pie en un charco y se le mojó el zapato. Desde el zapato, el agua traspasó y le mojó el calcetín, el calcetín le mojó el pie y la humedad le subió por la pierna, siguió subiendo, subiendo y le llegó al celebro. Una vez allí, la humedad se instaló en las neuronas del pobre Enriquito, creció un denso moho y se le durmieron…

Pero este fin de semana pasada Enriquito hizo un viaje muy bonito. Ha estado en Edimburgo!!!! Edimburgo es una ciudad escocesa, un sitio muy bonito pero muy frío y el contraste de temperaturas le había despertado las neuronas. ¿Cómo? Pues porque del frío y el viento el moho se había secado y, poco a poco, las neuronas se despertaron de su aletargamiento. Había estado meses sin pasarse por el blog a contar sus aventuras!!! Ay… gracias al viaje, ahora sus neuronas rezumaban actividad y alegría nerviosa!!!

Qué bien!!!! Amiguitos… Enriquito ha vuelto!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

lunes 26 de junio de 2006

Enriquito y el talento artístico

Enriquito era un niño con mucha vitalidad y talento artístico. Su yaya, que estaba empeñada en que los estímulos en la infancia son muy importantes, se despertó una mañana temprano y decidió que tenía la solución para Enriquito. “Cariño, vístete rápido que la yaya te va a llevar a ver una cosa muy bonita”, le dijo mientras le preparaba un vaso enorme de leche con cola-cao (que son unos polvos que te dan energía y te ayudan a afrontar un duro día, en el cole, y en las actividades extraescolares).

La yaya de Enriquito había tenido una idea genial. Para estimular la vena artística y creativa del niño, había decidido llevarlo a una competición de baile!!! Allí, Enriquito, podría verse tentado por el baile, un deporte que trabaja los músculos y la coordinación, a la par que desarrolla el oído musical de quienes lo practican.

Una vez en el pabellón deportivo, Enriquito y su yaya se sentaron a ver bailar a los bailarines, valga la redundancia, mientras una misteriosa voz que nadie sabía de donde salía iba diciendo números y palabras como “quickstep”, “vals vienés”, “slow foxtrot” o “jive”. Enriquito no entendía nada, pero se divertía, ¡¡cómo se divertía!! A las siete de la tarde llegaron al pabellón deportivo… y casi sin darse cuenta, miró el reloj… y eran las siete y media!!! Ay, Enriquito no podía imaginarse lo que le esperaba. 10 horas ininterrumpidas de baile deportivo, de samba, rumba, tango, pasodobles, de vestidos largos y cortos, de camisas de encaje, pestañas postizas y pieles artificialmente bronceadas.

Cuando terminó el espectáculo, Enriquito casi en sueños (eran las cuatro de la madrugada) le dijo a su yaya: “Yaya, quiero ser artista”. Y su yaya, muy contenta, se dio cuenta de que su idea había dado resultado. Pero ay… la fatalidad, siempre acechando a nuestro amiguito, se escondía tras la puerta del pabellón deportivo.

Como toda la gente se levantó de sus sillas al mismo tiempo, la yaya de Enriquito pensó que sería mucho más rápido salir por la puerta trasera. Y así lo hicieron. Pero ay… la fatalidad!!!! Justo al lado del pabellón estaba la unidad móvil de la tele… toda rodeada de un mar de cables, que acechaban a Enriquito como las serpientes a Indiana Jones. Él lo intentó, intentó pasar por encima de los cables… pero uno se enredó en su tobillo y Enriquito cayó al suelo. Al caer, se rompió la tibia en diez trozos y el peroné en 25… y ahí, en la maraña de cables de la unidad móvil, murieron los sueños de baile de Enriquito, que ya se había imaginado rodeado de neones de colores y coreado por una multitud exacerbada a ritmo de samba, rumba y cha cha cha.

jueves 1 de junio de 2006

Enriquito y el Kung Fu... Parte II

(continuación)
Como consecuencia de la brutal patada, Enriquito perdió la consciencia… pero como todo el mundo sabe, nuestro amiguito es muy resistente y a los pocos segundos volvió en si.

No te preocupes yaya, que me encuentro perfectamente”, dijo Enriquito contento.

Pero al día siguiente por la mañana cuando Enriquito se despertó, se sorprendió porque… veía el mundo de colorines!!!! Pero no eran colorines normales, no, veía el mundo codificado, pero en colorines. Su yaya, preocupada, fue al médico a contarle lo que le ocurría a Enriquito

El médico le explicó que la patada, aunque no mortal, había tenido un curioso efecto sobre el niño. Le había desconectado un codificador natural del cerebro y ahora Enriquito no era capaz de descodificar la realidad. “Pero no se preocupe, señora”, explicó el doctor a la yaya de Enriquito, “le voy a dar una tarjeta descodificadora para que su nieto pueda volver a codificar el mundo de una manera normal.”

La yaya se fue a casa muy contenta, con su nueva tarjeta descodificadora. Pero ay… pobre Enriquito!!! Su yaya, que no estaba muy acostumbrada a las nuevas tecnologías, no sabía poner la tarjeta del lado correcto, por lo que la banda magnética nunca entraba en contacto con el dispositivo necesario para obtener una señal clara…
Y el pobrecito Enriquito murió de descodificación.

lunes 29 de mayo de 2006

Enriquito y el Kung Fu... Parte I

Un día Enriquito, pensando, pensando, llegó a la conclusión de que su vida era un poco aburrida… y decidió que tenía que hacer algo para solucionarlo. Un amigo le recomendó que hiciera yoga… pero el yoga era demasiado flojo para Enriquito. Otro amiguito le dijo que se apuntara con él a jugar a fútbol… pero el deporte rey, por muy majestuoso que fuera, no llenaba el espíritu de Enriquito… lo dejaba vacío.

Un día, por casualidad, vio encima de la mesa de su yaya un dvd de kung fu. ¡¡¡Kung Fu!! Enriquito, sorprendido, decidió ver qué era aquello… y nada más ver la técnica base, los saludos, las patadas, los puños… quedó embelesado con aquel deporte que se originó en china en el siglo XVI en el templo de Shaolin.

Enriquito, ni corto ni perezoso, empezó a practicar. Vio el dvd 15 o 20 veces y practicó la forma hasta sabérsela de memoria… pero entonces se dio cuenta de que necesitaba un compañero para poner en práctica los ataques y defensas…

Finalmente, Enriquito convenció a su yaya, que como habréis podido deducir practicaba el Kung Fu de jovencita… Y los dos se colocaron adecuadamente en la alfombra del comedor. Enriquito adoptó la posición inicial y preparó su garra de tigre… pero su yaya, que aunque mayor, tenía mucha más experiencia, lo sorprendió con una patada abanico y lo golpeó en la cabeza…

“Ay, mare, Enriquito!!!” “ Què li he fet al meu xiquet?” “Ay, mare!!!!!”

(continuará)…

lunes 22 de mayo de 2006

Enriquito y las equivocaciones en los chats

Un día Enriquito, que conocía perfectamente el funcionamiento de las nuevas tecnologías, estaba chateando por internet. Entonces, vio que se conectaba una chica que le hacía tilín… y decidió probar suerte e invitarla a salir.

Enriquito quería decirle: “voy a ver una película, ¿te vienes?”, pero como estaba un poco nervioso, se equivocó y escribió: “ibícula, ¿te vienes?”… y, oh! gran desastre… la chica no se dio cuenta del error. Lo que la pobre entendió es que Enriquito la estaba insultando… la había llamado “ibícula”, nada más y nada menos!!!… Se enfadó mucho y le envió a Enriquito un virus, que le destrozó el disco duro del ordenador y le afectó al cerebro, porque estaba conectado a la torre del pc.

(Si recordáis, tras el incidente de la tienda de campaña de los cliks – 29 dic 05 -, a Enriquito se le había quedado vacío el cráneo… y un médico muy listo le recomendó que se conectara a su ordenador).

El virus le formateó a Enriquito la memoria, pero la memoria de verdad y, desde entonces, nuestro amiguito no recuerda nada de lo que ocurrió antes. El pobre Enriquito murió de pérdida de datos.

miércoles 17 de mayo de 2006

Enriquito y los paseos con su perro...

Una vez, Enriquito salió a pasear a su perrito por la calle. Su perrito se llamaba “Chucho”, porque cuando se lo regalaron… todo el mundo le decía, “vaya chucho”, “qué chucho tienes” y… Enriquito, que tenía poca imaginación, decidió utilizar ese nombre.

Iba Enriquito por la calle cuando Chucho vio un gato (Chucho tenía muy buena vista… y era capaz de detectar cualquier gato que paseara en un kilómetro a la redonda). Pues bien, Chucho vio al gato… y salió corriendo.

Al ver que su perrito se le escapaba, Enriquito echó a correr detrás de él. Y corre que te correrás… tomó demasiada velocidad. Pero, ya se sabe que, si corres mucho te expones a tropezar y… así fue. Tropezó con una piña que se había comido una ardilla, la piña experimentó el famoso efecto “rueda”. El pie de Enriquito, que no estaba acostumbrado a estos efectos, se giró, y nuestro amiguito cayó al suelo. Pero tuvo tan mala suerte, que chafó un hormiguero y varias hormigas murieron aplastadas y a Enriquito se le quedaron los cadáveres incrustrados en las rodillas... Y el pobrecito, murió de incrustramiento…

viernes 12 de mayo de 2006

Enriquito y los bailes del cole...

Enriquito, un día, tuvo que hacer un baile en el cole. Durante semanas y semanas, todos los nenes ensayaban el baile entusiasmados… Pero había un momento complicado, un momento crucial en el que Enriquito tenía que dar tres pasos a la izquierda. Esto era complicado, porque Enriquito nunca se acordaba de si tenía que ir hacia la derecha o hacia la izquierda, y eso que su papá siempre le decía, “Enriquito, si tienes dudas, tú siempre a la izquierda” (ya véis, cómo era el papá de Enriquito…).

Pues bien, después de semanas de duros ensayos, de sangre, sudor y lágrimas… llegó el gran día. Pero oh!, desgracia! Cuando llegó el momento cumbre, la única neurona de Enriquito que estaba despierta en ese momento se despistó… y Enriquito dio tres pasos a la derecha.
...
Un paso
...
Dos pasos
...
Tres pasos
...
En aquel momento, una avalancha de desafortunados incidentes se sucedieron. Al dar el tercer paso, Enriquito pisó el pie de su compañero. Su compañero tropezó y, a su vez, pisó al compañero que tenía a su lado, que se tropezó también… y así sucesivamente, produciéndose el conocido, y sin lugar a dudas impactante, efecto dominó. Todos los nenes de la clase fueron cayendo uno tras otro hasta que no quedó ninguno de pie…
Y Enriquito murió de “efecto dominó agudo”.